Retablo de Valdavida
Recuerda que puedes descargarte este archivo siempre y cuando estés registrado.¡Qué alegría verte! Soy Basilisa. Santa Basilisa. Al menos así me han llamado durante siglos quienes han contemplado este retablo, como haces tú hoy.
La figura femenina que ves en el centro del conjunto ha sido a veces identificada conmigo, aunque es posible que en realidad se trate de la Virgen María, un tanto maltratada por el tiempo....pero mira, aún sin la total certeza de estos asuntos, voy a permitirme ser yo, Basilisa, quien te cuente la historia de estos santos a los que se dedica el retablo.
Mi vida comienza muy lejos de aquí, en Antioquía, hace más de mil setecientos años. Allí viví junto a Julián, mi esposo. Aunque nuestras familias nos unieron en matrimonio, ambos deseábamos dedicar nuestra vida a Dios y al servicio de los demás. Convertimos nuestro hogar en un refugio para quienes necesitaban ayuda y acogimos a viajeros, enfermos y peregrinos. Con el tiempo, nuestra casa llegó a convertirse en un auténtico hospital.
Aquellos fueron tiempos difíciles para los cristianos. Durante las persecuciones ordenadas por el emperador Diocleciano, nuestra fe fue puesta a prueba. Yo morí en paz, según cuenta la tradición, mientras que Julián sufrió el martirio y fue decapitado por negarse a renunciar a sus creencias.
Pero, fíjate en el retablo. Fue realizado a finales del siglo XVI y es una de las obras más refinadas de esta comarca. Sus altas columnas estriadas se elevan como un gran marco arquitectónico que organiza las escenas y guía la mirada de abajo arriba.
En la parte inferior encontrarás magníficos y raros relieves tallados que narran episodios del Antiguo Testamento. Pequeñas obras maestras de la escultura, llenas de detalles. Sobre ellos se despliegan las pinturas de la Pasión de Cristo, ejemplo supremo de sacrificio y entrega. Más arriba aparecen las escenas dedicadas a nuestra propia historia. Son imágenes que recuerdan la fidelidad a las convicciones y la importancia de la compasión hacia los demás.
Por cierto, esta iglesia estuvo vinculada a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. Si miras los extremos superiores del retablo descubrirás los escudos con la Cruz de Malta, símbolo de aquella orden dedicada al cuidado de peregrinos y enfermos.
Por encima de mi figura se alza Julián, representado como protector y ejemplo para los fieles. A sus lados se desarrollan escenas dedicadas a la Virgen María, que conducen la mirada hacia el ático final, donde la cruz aparece acompañada por la Virgen y San Juan. Todo en este retablo invita a elevar la vista, pero también a mirar hacia el interior de uno mismo, quizá, sea buen momento para hacerlo. Por ello, te devuelvo al silencio.
